Quino Caso

NOMBRE LITERARIO de Joaquín Castro Canizález, quien nació en la ciudad de Quezaltepeque, departamento de La Libertad, el 7 de noviembre de 1902, como hijo de Saturnino Rodríguez Canizález y Antonia Castro.
Narrador y periodista, entre 1917 y 1918 publicó sus primeros trabajos en un minúsculo periódico editado en una imprenta de mano por el entonces niño Francisco Flores González. Luego, entre 1918 y 1921, dio a conocer trabajos literarios en Estudio y trabajo (San Vicente) y El nivelador social (Zacatecoluca).
De 1922 a 1923 laboró como paquetero del Diario de occidente, donde poco tiempo después tuvo ocasión de escribir crónicas sociales y pequeños artículos, todos calzados por el seudónimo "Artemio de Lepioche". Al mismo tiempo, se desempeñó como corresponsal local de El heraldo de Sonsonate.
En 1923, cuando ya trabajaba como reportero de planta en el Diario de occidente, estrechó vínculos de trabajo y amistad con el periodista Rosendo Díaz Galiano y con el poeta José Valdés, quien le corrigió muchos de sus iniciales vicios literarios.

Al año siguiente publica, junto con Arístides R. Salazar y Francisco Delgado, el semanario Orientaciones.
Esta etapa santaneca de la vida de Castro Canizález fue testimoniada décadas más tarde por el periodista y novelista local J. Edgardo Salgado (1909-2001), en su opúsculo Albores de Quino Caso al influjo de Santa Ana.
En 1924 se traslada a San Salvador y entra a trabajar como corrector de pruebas al diario La prensa. Interesado por conocer al colaborador que le envía periódicamente sus artículos, Román Mayorga Rivas (1862-1925) lo invita a trabajar en su empresa Diario del Salvador. Tras la muerte de este gran periodista, pasa como redactor a El día, fundado en 1923 y dirigido en sus inicios por el doctor Rafael Víctor Castro y luego por Juan Ramón Uriarte.
En marzo de 1926 ingresó como administrador-encargado de relaciones públicas a la radio gubernamental AQM, primera radioemisora de El Salvador y Centro América, cuyas siglas correspondían a las iniciales del mandatario salvadoreño Alfonso Quiñónez Molina.
A partir de 1928 trabajó como corrector de pruebas y redactor en Patria, bajo la dirección de Alberto Masferrer, y en Diario Latino, dirigido por Miguel Pinto p.

En su larga existencia, fundó diversas publicaciones, como la revista Lumen (enero de 1927, que se editaba en los talleres gráficos Cisneros), los semanarios humorísticos Pedro Urdemales y El nacionalista y otros más.
Por orden de su padre, entonces director general de Correos, a mediados de 1928 la Policía Nacional los capturó a él y a su amigo Serafín Quiteño, acusados por haber pronunciado frases sacrílegas y blasfemas frente a la Catedral capitalina.
Amparado en el seudónimo "Apolodoro" y con su poema Las manos, ganó el primer lugar en los Juegos Florales de Quezaltenango (Guatemala). Se marchó de San Salvador rumbo a esa ciudad el 28 de noviembre de 1928 y arribó a ella al día siguiente. El premio en metálico y la flor natural le fueron entregados en ceremonia pública celebrada en dicha ciudad el sábado 8 de diciembre de 1928, año en que también publicó su libro Rutas (San Salvador, 172 págs.), cuya contraportada anunciaba la próxima aparición del poemario Los jardines del éxtasis y de la novela vernacular Superstición. Nunca fuerón publicados.
A su regreso de la ciudad capital de la desaparecida República de Los Altos, el poeta fue agasajado con un regio banquete, ofrecido por la intelectualidad sansalvadoreña en el Hotel Metropol, el 23 de diciembre de 1928.
Inscrito en la Escuela de Cabos y Sargentos de la capital salvadoreña, tomó parte en el Directorio que derrocó al ingeniero Arturo Araujo (2 de diciembre de 1931) y entregó el Poder Ejecutivo del país al general Maximiliano Hernández Martínez. Junto con el entonces teniente Regino Bolaños -padre del poeta Orlando Fresedo- hicieron uso de una ametralladora pesada, dispararon y penetraron bajo nutrido fuego en la Casa Presidencial (hoy predio municipal de la que fuera Biblioteca Nacional hasta 1986). Sus impresiones de este hecho histórico las narró en una serie de artículos testimoniales, publicados en Diario Latino, en 1984.
Por haber escrito contra la reelección del férreo mandatario, fue capturado y abandonado en una isla del golfo de Fonseca, el 17 de junio de 1935. Auxiliado por los lugareños, se trasladó hacia la capital hondureña, donde laboró en el diario El norte.
En 1936 pasa a Managua (Nicaragua), donde entra a trabajar al diario El pueblo y publica el estudio El nombre de Dios en el socialismo, en la democracia y en las leyes.. Destruido el periódico por una turba de jóvenes de derecha, denominados "Camisas azules", el autor organiza a los empleados tipógrafos, funda una cooperativa y publican el semanario La opinión, que continuará sólo hasta 1937.
En ese año, dirige un radio-periódico llamado Nicaragua aérea. Al año siguiente, entra a trabajar a La prensa, diario conservador dirigido por Pedro Joaquín Chamorro.
En 1938 pasa a Costa Rica y trabaja para la Embajada de Colombia en ese país. Da a prensas el poemario La voz de las cosas abscónditas (1939) en que recoge mucha de su producción poética escrita entre 1924 y 1938.
Al estallar la Segunda Guerra Mundial, organiza un servicio de noticias sobre el curso de los acontecimientos derivados de la guerra, originalmente destinado sólo para la Legación de Colombia, pero que pronto se expande a todo el cuerpo diplomático establecido en Costa Rica.
En 1940 escribe La epopeya de Costa Rica, una historia de esa nación en formato de radiocomedietas, que se transmitieron por las difusoras Radio El Mundo y Radio Athenea. Esta producción se publica, posteriormente, en forma impresa.
Después de casi diez años de exilio regresó a El Salvador, el 13 de mayo de 1944, pocos días después de la caída del presidente Hernández Martínez. Tras esa visita fugaz, se reinstaló en forma definitiva hasta en octubre, cuando arribó a El Salvador investido con el cargo de secretario de la Unión Democrática Centroamericana. Un año después, se reincorporó a la plana redactora de Diario Latino.
En la noche del 4 de junio de 1945, en el número 17 de la capitalina Calle Arce, junto con Francisco Núñez Arrué, Carlos Manuel Flores y Manuel Aguilar Chávez funda el semanario Nosotros, órgano de la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) -de la cual era presidente entonces y a partir de abril de 1946- que es clausurado luego de una campaña de pasquines sostenida por la Presidencia de la República.
Secretario de actas del Club de Prensa de El Salvador (fundado a las 17.00 horas del miércoles 15 de octubre de 1947), en ese mismo año funda, en la estación radiodifusora YSU, Radiocomentarios, que se convierte en el más dinámico informativo radiofónico centroamericano, el cual fue suprimido por la censura de prensa impuesta por el gobierno en diciembre de 1948. Cuando el régimen es derrocado, Radiocomentarios regresa. Canizález se retira entonces de Diario Latino.
Tras la publicación de su estudio De la serenidad (San Salvador, 1945), en 1949 establece con el Dr. Rodolfo Cordón el diario Adelante -que posteriormente se convertirá en Tribuna libre-, el cual dirige hasta 1952, para dedicarse exclusivamente a Radiocomentarios.
En 1954, ocupa la dirección de la Secretaría de Información de la Presidencia de la República, en tiempos del presidente Óscar Osorio. Poco tiempo después, esa dependencia gubernamental inició la publicación de la revista cultural Síntesis, la cual continuó por cuatro años más y en la que colaboraron varios de los más importantes intelectuales de mediados del siglo XX.
En mayo de 1956 fue electo diputado legislativo propietario por el departamento de La Libertad, postulado por el oficialista Partido Revolucionario de Unificación Democrática (PRUD). Dos años más tarde reasume Radiocomentarios, el cual es clausurado definitivamente en 1960.
En 1961 funda, con Carlos Rosas Gaitán, Telediario salvadoreño, órgano televisado cuya sección editorial asume. Ese mismo año inició, junto con los hermanos José y Serafín Quiteño, la segunda época de la capitalina Radio Reloj.
En noviembre de 1962, su obra narrativa La ciudad del bello olvido mereció una recomendación para publicación por parte del jurado calificador del Certamen Nacional de Cultura, dos de cuyos integrantes eran Claudia Lars y Salarrué. El libro no fue publicado jamás.
Premiado con la medalla "Francisco Núñez Arrué" por el Club de Prensa de El Salvador (1973), desde 1969 hasta sus últimos años trabajó como redactor y editorialista en Diario Latino. Al año siguiente, dio a conocer su libro Vidas que pasan. Biografía de un corazón, una voluntad, una idea, una pasión, dedicado a la vida y obra de Jacinto Pohl.
Por muchos años y generaciones estudiantiles, ha sido mucho más conocido por su fábula Hormiguita Linda y Ratoncito Pérez, editada en Costa Rica, con portada del guatemalteco Eduardo Laguardia e ilustraciones interiores por el costarricense Juan Manuel Sánchez, la cual fue declarada obra de consulta para el magisterio de aquel país (abril de 1942).
En 1978 fue republicado su opúsculo El soneto inconcluso, escrito en Costa Rica (1942) como homenaje personal a Juan Boscán, introductor del soneto en la literatura castellana. Al año siguiente, en 1979, gana el segundo lugar de los Juegos Florales de Quetzaltenango con su poema Pentatrifonías de las artes (divulgado en San Salvador por la revista Cultura) y la Dirección de Publicaciones reúne en un solo tomo los cuatro libros de Hormiguita Linda y Ratoncito Pérez, con prólogo del poeta colombiano Germán Pardo García.
Premio Nacional de Cultura (noviembre de 1981) y miembro de número de la Academia Salvadoreña de la Lengua (1983), en la última década de su vida dio a prensas Cuando la lechuza canta (San Salvador Imprenta Nacional-Ministerio del Interior, 1983), volumen narrativo dedicado a su ciudad natal, el cual fue fechado en noviembre de 1926.
Mucha de su obra fue escrita bajo varios seudónimos, como "Martín Gales", "T. A. Plasto", "Big Ben" y otros, pero el más conocido fue el de "Quino Caso".
Falleció en la ciudad de San Salvador, el 4 de marzo de 1993.
Al momento de su muerte, dejó inéditos su Masferrer íntimo, la comedia La celadora (noviembre de 1926, estrenada en el Teatro Principal, hoy Lotería Nacional de Beneficencia), varios libros de poemas, tres novelas, ensayos sobre tópicos históricos, una zarzuela y gran cantidad de cuentos, leyendas y crónicas.