Miguel Placido Peña

MIGUEL PLÁCIDO Peña Martel vino al mundo en la localidad de Chalatenango, el 5 de octubre de 1862. Falleció en la ciudad de San Salvador, el 26 de octubre de 1896.

Con base documental, las anteriores fechas vitales refutan a las de 1853, 1861 y 1913, manejadas por Luis Gallegos Valdés (Panorama de la literatura salvadoreña, San Salvador, UCA Editores, 1981, págs. 49 y 52), David Escobar Galindo (Índice antológico de la poesía salvadoreña, ibídem, 1982, pág. 120) y Carlos Cañas-Dinarte (Confabulaciones. Apuntes para una historiografía de la fabulística salvadoreña, en el volumen conjunto Juegos florales 1996, San Salvador, Dirección de Publicaciones e Impresos-CONCULTURA, 1997, pág. 269).

Con estudios elementales realizados en su localidad natal, Peña se trasladó a la ciudad capital en diciembre de 1886 para realizar sus estudios superiores de Jurisprudencia, los que culminó pero no defendió con tesis ni examen público.

Fue un escritor contemporáneo del movimiento modernista centroamericano, uno de cuyos representantes, Francisco Gavidia, lo denominó poeta de "un corazón ardiente", con sobrada y "ardorosa imaginación [...] como caballo de fuego desbocado".

Se desempeñó como oficial mayor del Ministerio de Gobernación hasta el 7 de septiembre de 1885, cuando dimitió, por desacuerdos con el recién instalado régimen presidencial, encabezado por el general Francisco Menéndez.

Redactor del periódico El fígaro (Chalatenango, 1891), varios de sus trabajos fueron publicados en El eco nacional (San Salvador, 1891-1894, dirigido y redactado por los coroneles, literatos y respectivos ciudadanos español y colombiano Manuel Riguero de Aguilar y Francisco de Paula Carrasquilla), el matutino El correo nacional (San Salvador, julio de 1891, dirigido por el doctor Julio E. Delgado), el semanario El país (San Salvador, febrero de 1892, editado por Carrasquilla y administrado por el señor Matilde Paniagua), El pueblo (San Salvador, 1890-1891) y Centro América (Santa Ana, 1890-1894), todos periódicos defensores del régimen presidido por los generales y hermanos Carlos y Antonio Ezeta.

Además, trabajos suyos fueron publicados en las revistas La España moderna (Madrid, mayo y noviembre de 1891), El diario del hogar (México, 1892) y en El porvenir de Centro América (San Salvador, 1895-1896).

Escribió el poemario Inspiraciones (San Salvador, Imprenta La Concordia, 1884), una Economía doméstica (San Salvador, Tipografía La Luz, 1892), la letra de un Himno a Bolívar (1892, con música del maestro Rafael Olmedo) y muchas composiciones poéticas, entre las que se encuentra la fábula La doncella, el mono y el león.

Por acuerdo ejecutivo del 29 de septiembre de 1890, obtuvo el cargo de oficial mayor del Ministerio de Hacienda. Fue electo diputado por el departamento de San Salvador para la Asamblea Nacional de 1893, cuerpo legislativo en que se desempeñó como primer secretario.

Condenado por la intelectualidad promenendista -retornada al país tras la gesta golpista de abril de 1894-, se retiró a la vida privada, en la que se debatió entre la pobreza, el olvido y la enfermedad, pugna que lo condujo al sepulcro pocos días después de su trigésimo cuarto cumpleaños.

En homenaje a su memoria, una calle del barrio El Centro, en su ciudad natal, fue bautizada con su nombre.