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Manuel Aguilar Chavez
NACIÓ EN San Salvador, el 20 de marzo de 1913, en el hogar formado por María Aminta Chávez y el periodista Manuel R. Aguilar, mejor conocido por su pseudónimo "Waldo del Prado".
Estudió sus años de primaria en el tecleño Colegio "Santa Cecilia" y los de secundaria los cursó en el sansalvadoreño Liceo Moderno y los finalizó en el santaneco Liceo "San Luis".
En la urbe santaneca residió por años en los barrios de Santa Lucía y Santa Bárbara, en el primero de los cuales obtuvo empleo en la estación del ferrocarril, donde laboró junto con el futuro caricaturista nacional "Tuno" Alvarenga.
Cursó la carrera de Derecho en la Universidad de El Salvador, pero la abandonó para dedicarse de lleno a su labor como periodista, prosista, poeta y cuentista de fácil pluma, pero con un desaliño literario que causó más de un enojo a sus amigos Serafín Quiteño y Ramón Hernández Quintanilla.
Miembro del Grupo Crisol (Santa Ana, 1933, de cuya revista fue corredactor) y redactor en varios periódicos nacionales (1935-1948), fue director del Diario de occidente (1935-1938), cofundador y codirector del periódico Nosotros (surgido en San Salvador, en la noche del miércoles 4 de junio de 1945), director del periódico capitalino La tribuna (mayo.1944-28.febrero.1946) y colaborador literario de El Diario de Hoy y de las revistas Ahora (1937-1951) y Vida universitaria.
Director de la Biblioteca Municipal de Santa Ana (1940, institución cultural fundada en 1896) y miembro corresponsal del Grupo SEIS en Santa Ana (11 de enero de 1942), fue el primer narrador salvadoreño que trasladó el tema costumbrista de la zona rural a los ámbitos urbano y marginal.
Durante el régimen salvadoreño del general Andrés I. Menéndez, él y otros periodistas e intelectuales fueron capturados, trasladados fuera de las fronteras patrias y encarcelados en la fortaleza hondureña "El ojo de agua", donde Aguilar Chávez permaneció del 20 de octubre de 1944 hasta febrero de 1945. Tras su liberación, vivió cerca de dieciocho meses en Guatemala y México.
De vuelta en el territorio salvadoreño, se desempeñó también como jefe del Departamento de Prensa del Ministerio de Salud Pública, secretario de correspondencia del Club de Prensa de El Salvador (fundado a las 17:00 horas del miércoles 15 de octubre de 1947), delegado salvadoreño a las Asambleas de las Naciones Unidas (octubre de 1950) y de la Sociedad Interamericana de Prensa (1950).
Fungió también como integrante del Subcomité de Periodistas y Escritores del PRUD, constituido en marzo de 1952 por Hugo Lindo, Luis Gallegos Valdés, Manuel Barba Salinas, Claudia Lars, Quino Caso, Ricardo Trigueros de León y muchos intelectuales más. Después, fue diputado suplente por el Departamento de San Salvador (postulado por el Partido Revolucionario de Unificación Democrática, PRUD, 1954), oficial mayor de la Secretaría Privada de la Presidencia (viernes 5 de octubre de 1956) y secretario personal de la primera dama de la nación, Coralia Párraga de Lemus (1956).
En 1957, su cuento El hombre que se hizo palo, presentado bajo el pseudónimo "Juan Ravado", obtuvo una mención de honor en los anuales Juegos Florales Agostinos de San Salvador.
Sus obras publicadas son Un viaje al infierno pasando por Pespire (1947, donde narra su vivencia como preso político), La escuela que soñó José Antonio [Martínez] (folleto dedicado a este empeñado maestro, asesinado en México por un asaltante, fue impreso en la ciudad de Santa Ana por la Biblioteca Barata editorial Bahía, en 1948) y Puros cuentos (1959, póstumo). Dejó escrita también una recopilación de apuntes históricos, titulada Biografía de un gran pueblo, dedicada al pasado de la ciudad de Santa Ana. De ese material, dio a conocer algunos datos en El Diario de Hoy, el lunes 23 de julio de 1956.
Aunque ya había sobrevivido a otros atentados -debidos a ciertas publicaciones periodísticas que hizo en Santa Ana (febrero de 1941 y enero de 1942) y San Salvador (octubre de 1945)-, falleció trágicamente en una calle de la colonia Guadalupe (Soyapango), el sábado 30 de noviembre de 1957, a causa de un disparo que penetró en el lado derecho de su pecho, en el sexto espacio intercostal.
El asesinato, que conmocionó a la sociedad salvadoreña, fue realizado por Gumercindo Menéndez Vega -exconserje de la asociación Cafetalera de El Salvador- con un revólver Colt 38 y con la finalidad de zanjar una acalorada discusión por los golpes que el victimario propinó a uno de los hijos del periodista.
Colocados los restos mortales en una capilla ardiente instalada en el Club de Prensa de El Salvador, fueron sepultados en el Cementerio General de San Salvador al día siguiente.
Por ofrecimiento de la Primera Dama de la República, los cerca de quince hijos e hijas del periodista y escritor fueron puestos bajo su propia protección y de la División Nacional de Menores, como una forma de apoyo para su madre viuda.
En una sesión desarrollada el miércoles 4 de diciembre de 1957, el gremio periodístico nacional encargó al doctor Jorge Vitelio Luna y al periodista Dagoberto Orrego Candray que se constituyeran en parte acusadora particular en la causa judicial, a la que se sumó el doctor Félix Canizález h., contratado por la Asociación de Escritores y Periodistas de Santa Ana. Además, se unió al grupo acusador una hermana del escritor, la doctora Marina Aguilar Guerrero, en lo que se constituyó en la primera ocasión en la historia jurídica nacional en que una abogada salvadoreña cumplió con esas labores. La acusación también contó con la participación auxliar de los bachilleres J. Alberto Barraza, José Antonio Morales Ehrlich, Teodoro Mauricio Carrillo y Luis Alonso Aragón.
Pese a la defensa realizada por los doctores Roberto Carías Delgado y Jorge Comandari David, al igual que a los cinco aplazamientos del juicio, las pruebas recabadas y los alegatos de la acusación fueron suficientes para que la causa contra Menéndez Vega fuera elevada a plenario en el Juzgado Cuarto de lo Penal, presidido por el doctor Guillermo Cordón Cea.
El miércoles 25 de febrero de 1959, Menéndez Vega fue encontrado culpable por un jurado de conciencia, condena que el siguiente juez en el cargo, el doctor Alfonso Pineda López, materializó el jueves 21 de mayo de 1959 en quince años de cárcel en la Penitenciaría Central, situada en el predio del que después fuera el parque "John F. Kennedy", ahora ocupado por el edificio del Fondo Social para la Vivienda (FSV), sobre la capitalina calle Rubén Darío, frente al parque Bolívar.
Pese a que el reo y su defensa apelaron dicha resolución condenatoria (junio de 1959), la petición fue declarada sin lugar y Menéndez Vega tuvo que cumplir su sentencia, de acuerdo con la confirmación emitida, el lunes 8 de febrero de 1960, por la Cámara de lo Penal de la Primera Sección del Centro, con sede en la ciudad de San Salvador.
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