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Miguel Alvarez Castro
NACIÓ EN la hacienda Mayucaquín, situada nueve kilómetros al norte de la actual ciudad de San Miguel, el 29 de septiembre de 1789, en el hogar formado por Petrona de los Ángeles Castro y José Gaspar Álvarez.
De origen modesto, aprendió los conocimientos elementales en su propio hogar. Después, estudió latín, matemáticas y filosofía en el Colegio de Infantes, de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala (hoy Antigua Guatemala), donde obtuvo el grado menor de bachiller en Filosofía. Pese a que inició la carrera de Jurisprudencia en la Real y Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo, no pudo concluir su carrera, por tener que regresar al lado de su familia, al fallecer sus progenitores.
Vuelto a la ciudad capital de la antigua Capitanía General de Guatemala, entre 1821 y 1827 fue testigo y partícipe -quizá como escribiente del naciente gobierno- de los años de la Independencia y fundación de la Federación Centroamericana.
En febrero de 1835, se convirtió en encargado del despacho de Relaciones Exteriores del vicepresidente federal José Gregorio Salazar, cargo que también ocupó como uno de los hombres de confianza del general Francisco Morazán, al lado del cual participó también como diputado.
Fue fiel e incondicional a favor de Morazán, al grado tal que lo acompañó a bordo del bergantín Izalco (que zarpó del puerto de La Libertad, el 2 de abril de 1840), en el viaje de exilio al que fueron lanzados él y 33 de sus prosélitos, en un largo viaje que los llevó errantes por Costa Rica, Guayaquil (Ecuador) y Lima (Perú). Ese grupo de exiliados políticos permaneció junto hasta más allá del fusilamiento de su líder y amigo, ocurrido en San José de Costa Rica, el 15 de septiembre de 1842. Junto con el general Trinidad Cabañas, Álvarez Castro -investido ya con el grado de general de división del ejército salvadoreño- suscribió el tratado de la isla de San Lucas (Golfo de Nicoya, Costa Rica), mediante el cual los morazanistas depusieron sus armas y retornaron a El Salvador a bordo de la barca Libertadora, antes llamada Coquimbo, nombre por el cual los liberales promorazanistas fueron conocidos después con el mote "coquimbos".
Durante su juventud, Álvarez Castro usó un cupido o gorro blanco, que no se quitaba ni cuando acudía a servicios religiosos y que originó el mote de "El tiñoso". Mientras estuvo en el destierro, perdió esa costumbre, por lo que a muchos de sus amigos les fue difícil reconocerlo cuando tocó suelo salvadoreño de nuevo, el 5 de diciembre de 1842.
Luego de ser asilado políticamente por el gobierno salvadoreño presidido por el licenciado Juan José Guzmán, en marzo de 1843 participó como corredactor del semanario El amigo del pueblo, en compañía de Máximo Orellana, José María Espínola y Eduardo Avilés. Este periódico de páginas en cuarto mayor era desarrollado en la Imprenta del estado, dirigida por el maestro tipógrafo Gregorio Arévalo. Sus escritos se centraban en atacar a la aristocracia guatemalteca, a las intervenciones imperialistas del cónsul inglés Frederick Chatfield en Belice, Roatán y la Mosquitia y a la soberbia del mitrado Jorge de Viteri y Ungo, aliado de Malespín. Este dos últimos hechos le valieron a Álvarez Castro su salida forzosa desde el puerto de La Unión hacia Nicaragua (8 de diciembre de 1843), tras la toma de la ciudad de San Miguel por las huestes del general Francisco Malespín.
Una vez en la ciudad de León, Álvarez Castro se alió con el exmandatario hondureño Joaquín Rivera y con otros políticos para derribar al gobernante de turno y arremeter después contra la tiranía de Malespín.
Invadida Nicaragua por las tropas salvadoreñas (noviembre de 1844-enero de 1845), tras la insubordinación del general Barrios y otros dirigentes coquimbos (San Miguel, 5 y 6 de septiembre de 1844), esto originó la huida del poeta y otros liberales más, a bordo del barco inglés Carolina, con rumbo desde El Realejo hasta la localidad salvadoreña de La Unión
La caída de Malespín por la acción de Joaquín Eufrasio Guzmán posibilitó la estancia de Álvarez Castro en su suelo natal, tras su retiro de la palestra pública y su completa dedicación a la vida privada.
Es considerado, cronológicamente, el primer poeta de El Salvador con nombre conocido. Colaborador literario de las publicaciones liberales sansalvadoreñas La miscelánea (1839, que inauguró el folletín en la prensa salvadoreña) y El amigo del pueblo (1843), Álvarez Castro fue también músico. Luis Gallegos Valdés afirma que tocaba la guitarra de manera excelente, siendo requerida su presencia en bailes y reuniones, en los que era de altura aristocrática beber brandy y bailar el fandango, el zapateado y la varsoviana.
Román Mayorga Rivas y Ramón Uriarte recogen algunos poemas de este autor en los primeros tomos de sus respectivas e importantísimas antologías poéticas Guirnalda salvadoreña (1884) y Galería poética centroamericana (1888).
Entre sus poemas más famosos se encuentra la oda Al ciudadano José Cecilio del Valle -importante político y prócer de la independencia centroamericana- y su elegía A la muerte del coronel [Joseph] Pierson (1827), comandante desertor de un escuadrón federal, quien fuera mandado a fusilar por el mandatario guatemalteco y prócer independentista Mariano de Aycinena.
Enamorado con pasión de una malograda mujer y perseguido por sus adversarios políticos, contrajo matrimonio con una hija de Mariano Cáceres, uno de los constructores del primer Teatro Nacional de la ciudad de San Salvador. A causa de complicaciones cardiovasculares, falleció en su lugar natal, el 23 de julio de 1856.
Desde 1924 y 1942, los dos sucesivos quioscos centrales del capitalino Parque Bolívar -sitio de recreo público que se haya bajo el comodato, supervisión, aseo y ornato de la Universidad Tecnológica (UTEC, 1999)- han ostentado el nombre de este primigenio literato y político salvadoreño, aunque por ahora no existe ninguna placa que le muestre este dato al público que a diario circula por ese lugar de esparcimiento.
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