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Lilian Serpas
HIJA DEL escritor Carlos Serpas y de Josefa de los Ángeles Gutiérrez -ambos originarios de Jucuapa(departamento de Usulután)-, nació en la ciudad de San Salvador, el 24 de marzo de 1905. Fue inscrita en el registro civil capitalino con el nombre de Lilia.
Quedó huérfana de padre el 11 de abril de 1908, siendo su madre la responsable de su educación. Nada se sabe de su progenitora, quien debió ser culta e inteligente, ya que en su casa tenía lugar una animada tertulia literaria -como lo afirmara la propia autora, ya en su vejez-. Así, a los once años de edad se reunía en visitas casi diarias con Francisco Gavidia, patriarca literario que le prologó su segundo libro, En el zafir de un ala milagrosa, editado con el título de Nácar por la capitalina Imprenta "La salvadoreña" (1929).
Realizó estudios en el Colegio Normal de Maestras de San Salvador y obtuvo su bachillerato en el capitalino Instituto Técnico Práctico de Señoritas. En sus ratos libres, se dedicó a aprender inglés y francés.
En 1927, mientras colaboraba con asiduidad en la revista Pareceres y en la radio oficial AQM., publicó su primer libro, Urna de ensueños, que contó con una introducción de Juan Ramón Uriarte.
Entre 1930 y 1938, vivió en South Bend City, ciudad universitaria de San Francisco (California), donde publicó por primera vez su poemario Isla de trinos y colaboró con la revista Sequoia, de la Stanford University.
De regreso en El Salvador a partir de diciembre de 1938, desarrolló una intensa actividad periodística en las páginas de El Diario de Hoy, donde presentó prosas y versos y hasta dirigió las secciones Variedades del hogar y de la moda y Pajaritas de papel (1941).
Cuando ya colaboraba activamente con este rotativo nacional, se casó con un pintor norteamericano, Carlos Coffeen, con quien procreó tres hijos: Carlos (fallecido en 1988), Fernando David y Reginaldo ("Reggie", muerto hacia 1973, luego de permanecer interno en varias instituciones mentales).
Abandona Estados Unidos y reside en la ciudad de México, donde publica Huésped de la eternidad (poemas de 1928 a 1948, con prólogos de José Vasconcelos, Arturo R. Pueblita, Gregorio Cordero y León... e ilustraciones de Santos Balmorí, José Chávez Morado, Eduardo Cataño..., México, D. F., El castillo de viento, 1949, 159 págs.), La flauta de los pétalos (1951; San Salvador, 1979, con palabras preliminares de David Escobar Galindo) y Girofonía de las estrellas (1970). Estos dos últimos títulos fueron reeditados por la Dirección de Publicaciones, el primero en 1979 y el segundo, con ilustraciones de su hijo Carlos, en 1982.
Durante su estancia mexicana también escribió Corazón y esfera (obra comentada por José Vasconcelos), Hacia un punto del origen, Por ese amor siendo amada (con prólogo de Pedro Álvarez del Villar), Nivelación y Proyección a la nada (también titulada En un rol de juego blanco), trabajos literarios de los que se carece de información editorial concluyente, por lo que cabe presumir que solo fueron proyectos de libros o manuscritos varios que quedaron inéditos.
Después de 1972, a raíz de la muerte de su hijo Fernando a manos de un conductor ebrio, Lilian entró en un proceso autodestructivo a nivel mental y físico. Regresó al país gracias a las gestiones hechas por varias buenas personas, como las señoras Nazaria March y Lydia Villavicencio Olano, quienes la retornaron y la ayudaron con fuerza samaritana.
De vuelta en el país, escribió el poemario Pensamiento que no muere (inédito), en el que destinó una sección completa para diez sonetos dedicados a Francisco Gavidia. Mucha de su producción poética de estos años finales fue dada a conocer por las páginas sabatinas de Filosofía, arte y letras de El Diario de Hoy.
En 1982, la Dirección de Publicaciones editó Meridiano de orquídea y niebla, que contiene poemas escritos entre 1945 y 1957.
Con la salud física y mental dañadas, se le dio trabajo en la Dirección de Publicaciones del Ministerio de Educación, donde laboró hasta el día de su muerte, ocurrida a las 04:30 horas del jueves 10 de octubre de 1985, en una de las salas de mujeres del capitalino Hospital Rosales, en el que la escritora fue ingresada el 20 de septiembre, para tratarla de fracturas sufridas durante una caída.
Su cadáver fue retirado por el personal de la Dirección de Publicaciones y velado por un pequeño grupo de asistentes en los Funerales La Católica, de San Salvador. A las 10:00 horas del día siguiente, se realizó la misa de réquiem en la Iglesia del Perpetuo Socorro y el féretro fue conducido hasta una cripta especial del cementerio privado Jardines del Recuerdo.
Tras su fallecimiento, sus objetos personales y sus manuscritos, contenidos en una maleta de viaje depositada en su oficina, fueron incinerados en medio de un confuso incidente.
En la actualidad, en el estado norteamericano de Texas residen cuatro hijos y dos hijas de Fernando David Coffeen Serpas, quienes -sin hablar ni leer el idioma materno de su abuela- constituyen la única descendencia de esta escritora salvadoreña. Una de esas nietas, nacida el 24 de junio de 1960, ostenta el nombre de Lillian Coffeen Urquhart.
Hasta la fecha, el trabajo más serio de acercamiento a la vida y obra de esta autora lo constituye Monografía de Lilian Serpas, escrito por Vilma Olivo Marroquín para optar a la Licenciatura en Letras de la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA, San Salvador, marzo de 1999).
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