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Jorge Lardé y Larín
NACIÓ EN el barrio de San Lorenzo de la occidental ciudad de Santa Ana, el 31 de diciembre de 1920. Fue hijo del matrimonio habido entre el científico franco-salvadoreño Jorge Lardé y Arthés (1891-1928) y la laureada maestra Benigna Larín Cea (1897-1991), originaria de Juayúa.
Realizó sus estudios de bachillerato en el Instituto Nacional "Francisco Menéndez", tras los cuales cursó tres años de cursos regulares en la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales de la Universidad de El Salvador.
Desde muy joven comenzó a darle expresión literaria a sus afanes por el terreno de la musa Clío: la Historia. A los quince años, en la revista A.D.E.I.N. (Asociación de Estudiantes del Instituto Nacional, 1936), que en muy pocos números publicaron los alumnos de ese centro nacional de estudios, dio a conocer los tres primeros escritos suyos que fueron impresos.
Al año siguiente, el periodista Napoleón Viera Altamirano se dio cuenta de la calidad intelectual del mozalbete y la promesa que su pluma significaba, por lo que decidió incluir en El Diario de Hoy el artículo primigenio de su carrera periodística de divulgación histórica. Con el título de Acíhuat: la mujer de las aguas apareció una leyenda, inmersa en las páginas del 11 de mayo de 1937. El 10 de septiembre de ese mismo año, comenzó a firmar como Jorge Lardé y Larín, con el cual opacó al Jorge Lardé h. y al Larderín, con el que alguna vez firmó escritos suyos en el periódico La tribuna, impulsado por el agudo espíritu festivo y romántico del poeta guatemalteco Manuel José Arce y Valladares.
Entre 1937 y 1993, publicó en El Diario de Hoy una enorme y variada cantidad de artículos sobre temas de historia, geología, lingüística, toponimia, arqueología y biografía de El Salvador y Centro América, la que fue recopilada y sistematizada entre 1999 y 2002 por el investigador Carlos Cañas-Dinarte.
Con su título de bachiller en la mano, Lardé y Larín se dedicó al magisterio desde 1941 hasta 1991. Ejerció esta noble tarea social en diferentes centros educativos, como la Escuela Normal Superior y los colegios privados García Flamenco, Bautista, Salvadoreño Alemán y Nuevo Liceo Centroamericano. También fungió como profesor auxiliar de Historia Universal en la Facultad de Economía de la Universidad de El Salvador.
Jefe de información de La tribuna (1946-1948), redactor de Diario Latino y colaborador de otras publicaciones periódicas nacionales y extranjeras, fue siempre un periodista y escritor combativo y audaz en sus planteamientos. Muchos de ellos los lanzó en sus intervenciones radiofónicas (en el programa Los catedráticos Harvester, transmitido en los años 50 por la radio capitalina YSDF, "La voz del trópico") y en recordadas polémicas con otros intelectuales de su época, entre quienes se encontraron el historiador y antropólogo Tomás Fidias Jiménez, el escritor y abogado José María Méndez y el médico y literato Alberto Rivas Bonilla.
Con sus respectivos aportes a la historiografía nacional, Rodolfo Barón Castro y él fueron los iniciadores de la nueva etapa de la escuela histórica salvadoreña, pasado el período de las crónicas republicanas, de los recuerdos de la sociedad y la política, los comentarios patrióticos y los primigenios pasos de la investigación. Ambos abrieron el período del documento, de la prueba fehaciente, de la fascinante paleografía, del análisis, el pensamiento crítico y la reflexión, en los que algunos otros habían ya incursionado de formas separadas, conforme a sus tiempos y circunstancias.
Durante su desarrollo intelectual, aprovechó también para sistematizar y divulgar buena parte de la obra histórica y científica de su progenitor, la cual difundió mediante la revista Anales del Museo Nacional "David J. Guzmán" y los volúmenes El Salvador antiguo (San Salvador, 1950) y Obras completas (San Salvador, 1960, de las que solo apareció un grueso volumen).
Por sus conocimientos y su entrega al trabajo en pro de la historia patria, desempeñó varios cargos en la administración pública, tales como la dirección del Museo Nacional "David J. Guzmán" (1949-1956), la subsecretaría del otrora Ministerio de Cultura (1956-1960) y encargado temporal de ese despacho, en tiempos del presidente José María Lemus. También fue diputado por San Salvador en la Asamblea Legislativa (1956). En el Ministerio de Relaciones Exteriores, ocupó el puesto de asesor histórico en la Dirección General de Límites (1978-1992), misma posición a la que luego pasó al Departamento de Historia Militar del Ministerio de Defensa.
Durante su vida, militó en las filas políticas del Partido Acción Renovadora (PAR) y el Partido Revolucionario de Unificación Democrática (PRUD). Del primero renunció a fines de la década de los 40, mientras que del segundo fue expulsado en febrero de 1961, poco después del derrocamiento de la golpista Junta de Gobierno por el Directorio Cívico-Militar. Durante esta nueva etapa partidaria, redactó el epílogo para el libro Lemus, coronel del pueblo (San Salvador, Ahora, 1956), coordinado y redactado en buena parte por Luis Gallegos Valdés.
Su profusa labor intelectual y magisterial mereció múltiples reconocimientos, plasmados en medallas de oro y diplomas de reconocimiento. De entre todos ellos, se destacan la ciudadanía honoraria de Santa Ana (California, Estados Unidos, 13 de marzo de 1958), el Premio Nacional de Cultura, en la rama de Ciencias (noviembre de 1982), el Laurel de Oro "Ancalmo" (1991), el Premio de Cultura "Antonia Portillo de Galindo" (1992), el Premio al Mérito Cívico, entregado por el Instituto Sanmartiniano Salvadoreño (5 de noviembre de 1999) y los nombramientos como doctor honoris causa en Humanidades (Universidad "Dr. José Matías Delgado", 13 de diciembre de 1996) y "Salvadoreño meritísimo" (Asamblea Legislativa de El Salvador, 1999).
Pero el mejor galardón en su vida de hombre de bien fue, sin lugar a dudas, su hogar, compuesto por su esposa Lilia González de Lardé y su hijo Gerardo, con quienes vivió largos y productivos años en su Villa "Lilia", en el kilómetro cinco de los Planes de Renderos.
Además de su pertenencia a diversas instituciones cívicas del país, se destacó por el puesto distinguido que ocupara en la Academia Salvadoreña de la Historia desde el 5 de enero de 1952, cuando fue electo académico de número. Tras fungir como prosecretario (1955) y tesorero (1960-1965), a partir del 12 de noviembre de 1983 fue nombrado director perpetuo de esta institución -correspondiente de la Real Academia de la Historia de España, con sede en Madrid-, misma que en diciembre de 2000 lo designó como su director emérito.
A lo largo de su vida también fue electo académico de número de la Academia Salvadoreña de la Lengua, al igual que como integrante de número, honorario y correspondiente de otras destacadas corporaciones científicas de Centro América, México y España.
Treinta y dos obras le fueron publicadas en vida, entre las que se encuentran Arce en el proceso de la independencia (1948), Génesis del volcán de Izalco (1948), Orígenes de la villa de la Santísima Trinidad de Sonsonate (1950), Orígenes del convento de Santo Domingo de San Salvador (1950), Paleontología salvadoreña (1950), Orígenes del periodismo en El Salvador (1950), Recopilación de leyes relativas a la historia de los municipios de El Salvador (1950), Sucinta historia de El Salvador (en el volumen gubernamental Me enorgullezco de ser salvadoreño, 1951), Geología salvadoreña (1952), Guía histórica de El Salvador (1952 y 1958), El acta de independencia de Centro América (1953), Himnología nacional de El Salvador (1953), Monografías históricas del departamento de Santa Ana (1955), José Simeón Cañas, viroleño ilustre (1956), Ramón Belloso (1957), Isidro Menéndez (1958), La estela de Tazumal (1959), El grito de La Merced (1960), Bolívar en El Salvador (1972), Manual del guía de turistas de El Salvador (1972), Orígenes de San Miguel de la Frontera (1974), Orígenes de la Fuerza Armada de El Salvador (1977), España en El Salvador (1977), La jura del Acta de Independencia en San Salvador (1977), Historia de Centro América (1981) y Orígenes de Casa Presidencial (1990).
Para la historia salvadoreña, son fundamentales sus libros El Salvador. Historia de sus pueblos, villas y ciudades (1957, reeditado por la Dirección de Publicaciones e Impresos-CONCULTURA, 2000), así como los tres volúmenes de la Toponimia autóctona de El Salvador, que fueron impresos entre 1975 y 1977.
Varias de sus últimas obras fueron producto de recopilaciones que hizo de los artículos que aparecieron en su sección De vulgarización, inserta en las páginas editoriales de El Diario de Hoy. Ochenta de estos escritos, publicados entre 1977 y 1978, dieron forma al libro El Salvador: inundaciones e incendios, erupciones y terremotos (1978, reeditado por DPI-CONCULTURA, 2000). Compañero de este texto es El Salvador: descubrimiento, conquista y colonización (1983, reeditado por DPI-CONCULTURA, 2000), un erudito y enciclopédico conjunto de escritos sobre el descubrimiento del litoral salvadoreño por el piloto mayor Andrés Niño (1522), todo el ciclo conquistador, la fundación de la primera villa de San Salvador en 1525 hasta la consolidación administrativa, política, religiosa y lingüística de la monarquía católica en los parajes centroamericanos.
Falleció a las 10:10 horas del martes 8 de mayo de 2001, a causa de un síncope cardíaco, ocurrido mientras se encontraba interno en el Hospital Médico Quirúrgico del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), sobre la capitalina Alameda Juan Pablo II. Fue sepultado en la tarde del día siguiente, en una tumba abierta en la sección de los Ilustres del Cementerio General de San Salvador.
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