Juan José Bernal

JUAN JOSÉ Bernal Barrientos nació en la ciudad de Santa Ana, el 24 de septiembre de 1841, como segundo hijo de Laureano Bernal y Juana Isabel Barrientos, quienes también procrearon a sus hermanos Juan Jacobo (padre, a su vez, de Ángela de Meza Ayau, Juan Javier y José Bernal), Laureano (progenitor de Juana Bernal) y Dionisio (casado con Damiana Nájera, procrearon a Dolores de Hill y a María de Orellana).
En sus años mozos, Juan José escribió encendidos poemas románticos e, incluso, dos dramas y una tragedia, obras extraviadas por él mismo en la ciudad de Guatemala, durante su estancia como estudiante universitario de Jurisprudencia, cuando ya sus trabajos eran conocidos por el público salvadoreño, que comenzó a admirarlo desde sus primeros versos publicados en La tribuna (1872).
Esos poemas juveniles fueron recopilados por su autor en el volumen manuscrito Quejas del alma, cuyo original llegó después a manos del joven intelectual centroamericano Román Mayorga Rivas, quien desde las páginas de El cometa sugirió la publicación de algunos de sus poemas, lo cual fue impedido por Bernal mediante una carta.
Con su título de abogado, obtenido en la guatemalteca Universidad de San Carlos, se incorporó al cuerpo académico salvadoreño, abrió su bufete jurídico en la ciudad de su nacimiento, trabajó en la sección universitaria local como catedrático y fue nombrado juez de Primera Instancia y segundo magistrado suplente de Cámara, designado por la Corte Suprema de Justicia.
A fines de 1877, un desengaño amoroso lo hizo entrar en una profunda crisis interior, la cual le causó estados de locura que lo llevaron a deambular por las oficinas públicas de Santa Ana, con grave riesgo de ser encarcelado si no hubiese sido por las oportunas intervenciones de su hermano Juan Jacobo. Superó esa situación gracias al apoyo filial y a su ingreso en un claustro religioso en la ciudad de Nueva San Salvador, hecho que contó con la férrea oposición mostrada por sus jóvenes amigos intelectuales de toda Centro América, entre ellos el adolescente Rubén Darío.
En el último cuarto del siglo pasado, fue miembro de la Sociedad Científico-literaria "La juventud" (1881) y de la Academia de Ciencias y bellas Letras de San Salvador (1888), grupos a los que también pertenecían destacadas personalidades del mundo cultural: Francisco Gavidia, Joaquín Méndez, Vicente Acosta, Giovanni Aberle, Carlos A. Imendia y otros.
El padre Bernal mantuvo colaboraciones en las principales publicaciones periódicas y literarias de su época, entre las que se destacan El álbum (1875), La juventud (1877), El diario de Centro América (1881) y Repertorio salvadoreño (1888).
Acorde con su misión cristiana, estableció su residencia temporal en la urbe tecleña, en una loma situada en la que otrora fuera la finca personal del rico agricultor y exfuncionario José Larreynaga (Sensuntepeque, 1835-Santa Tecla, 29.6.1894), hoy colonia Larreynaga, al costado oriental del Colegio Salesiano "Santa Cecilia".
Se desempeñó como profesor y apoyo espiritual de confesión en el Hospicio de Niñas "Belén", dirigido en el predio de la antigua Iglesia de Belén por la matrona Pilar Velásquez, sitio donde ahora se alza el tecleño y femenino Colegio Belén.
En ocasiones, mientras caminaba por los corredores del orfanatorio le sobrevenían ataques de locura temporal que le hacían vociferar versos y poemas completos, cuya musicalidad y hermosura estimulaba a las alumnas internas para que los copiaran a mano. Por desgracia, los volúmenes manuscritos y adquiridos de esa forma fueron destruidos a mediados del siglo XX por los familiares indirectos de una de esas educandas, muchas de las cuales alcanzaron la vejez en estado virginal.
Pese a que Mayorga Rivas recogió varios poemas de la primera etapa poética de Bernal en el primer tomo de su compilación anotada Guirnalda salvadoreña (San Salvador, Imprenta Nacional del Dr. Francesco Sagrini, 1884), el poeta-sacerdote dejó mucha obra inédita, casi toda perdida en la actualidad.
Sus dos libros publicados son Recuerdos de Tierra Santa (1894, poemario sacro que obtuvo medalla de oro en la Exposición Centroameri-cana, Guatemala, marzo de 1897) y Los evangelistas (1895), aunque también dio a conocer los opúsculos poéticos Misterios del Rosario de María (Santa Tecla, 1899, 14 págs. en 8º. menor) y Letanías lauretanas (paráfrasis en verso, Santa Tecla, 1899, 28 págs.).

Falleció en su ciudad natal, el 13 de enero de 1905.

La escuela rural mixta unificada del caserío Primaverita, en el cantón Primavera, del departamento de Santa Ana, ostenta su nombre, como homenaje educativo a su vida y obra.

 

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