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Juan Cotto
Juan E. Coto nació en ls ciudad de Suchitoto, departamento de Cuscatlán, el 8 de enero de 1900. El prosista y periodista salvadoreño Gilberto González y Contreras (en su libro Hombres entre lava y pinos, Costa Amic, México, 1946) lo recuerda en paseos vespertinos por el santaneco parquecito de Santa Lucía, en compañía del poeta puro José Valdés, del sonetista Juan Vásquez Mejía, Bernardino Zamora, Manuel Farfán y Carlos Rodríguez Torres, personajes juveniles quizá también mordidos por la serpiente sagrada de la literatura.
Establecido en Guatemala y México, cuando ya firmaba como Juan Cotto, el mismo González y Contreras lo presenta al lado de personalidades intelectuales de la talla de José Santos Chocano, José Vasconcelos, Antonio Caso, Carlos Pellicer, Félix F. Palaviccini, Adolfo de la Huerta, Jaime Torres Bodet, Waldo Frank, Ramón del Valle-Inclán, Miguel Maciedo, Vicente Magdaleno, el pianista Salvador Ordóñez, la artista húngara Vilma Erenyi y el arzobispo Mora y del Río.
"Honrado, útil y de costumbres puras", Cotto vivía en México en una "gran pobreza", aunque con aires de "vida de gran señor" bajo el mecenazgo de algunas importantes personalidades del quehacer social y cultural de aquella nación, según lo afirman sus cartas manuscritas dirigidas a su madre (ahora en poder de su sobrino Alejandro Cotto, cineasta, promotor cultural y Premio Nacional de Cultura 1997), misivas en las que también relata un amorío "con una novia bonita" y sus apuros por la desesperante situación dejada tras el desastre económico mundial de 1929.
En el inicio de sus días mexicanos, trabajó de forma temporal en la Secretaría Mexicana de Instrucción Pública. A los 26 años de edad, disertó acerca de Beethoven, constructor de una nueva humanidad, discurso oficial de inauguración del monumento al músico germano situado frente al Palacio de Bellas Artes, suceso público que le mereció notas laudatorias en los principales periódicos mexicanos.
Fue colaborador del diario católico El tiempo (1928-1933), de El universal y de las revistas México moderno y Ulises.
Hombre alto, regordete, sonrosado, con tono de cabello tirando a rubio y de pensamiento católico.fue nombrado representante de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ante la Universidad de El Salvador, aunque nunca ejerció el cargo, pues a su llegada al campus en San Salvador fue recibido con una lluvia de huevos y tomates por "los bárbaros de mi tierra", atizados por una serie de "anécdotas regocijadas de bohemio sempiterno", divulgadas por Fernando E. Sandoval, Porfirio Barba Jacob (Rosas negras, Guatemala, 1933), Fernando Vallejo (Barba Jacob. El mensajero, México y Colombia, 1984 y 1997) y Teresa Arévalo (Rafael Arévalo Martínez. De 1926 hasta su muerte en 1975, Guatemala, 1995).
Contrario a esas ideas quizá difamatorias, el intelectual guatemalteco Manuel José Arce y Valladares indica que Cotto "rezumaba pulcritud. Conversador amenísimo, embelesaba a sus oyentes con no escaso caudal de cultura. Hecho a alternar con lo más selecto de la aristocracia social, del pensamiento y del arte, nada tenía ya del provinciano de estas provincias. Vimos cómo en una tertulia conversaba en desenvuelto francés con unas gráciles parisinas recién llegadas que no conocían el español. Amaba el arte de Beethoven y, tras hablarnos copiosamente de su música, interpretó al maestro con limpia ejecución pianística."
Por algunas otras fuentes menores y escritos poéticos suyos, también se sabe que Cotto conocía buena parte de las lenguas inglesa e italiana, la música de Bach, Mozart y Chopin y que realizó viajes por algunas zonas del mar Caribe (Kingston, Panamá, La Habana) y Nueva York, donde impartió charlas literarias en la Universidad de Columbia.
Su trabajo literario publicado comprende 34 poemas, reunidos en el pequeño volumen Cantos de la tierra prometida (México D. F., Imprenta Universitaria de la UNAM, 1940, con notas prologales de José Vasconcelos y Antonio Caso; San Salvador, Universidad Autónoma de El Salvador, 1950; Dirección General de Publicaciones, 1955 y Dirección de Publicaciones e Impresos, 1998).
Esas breves composiciones -sonetos, poemas en verso libre, baladas y romances- están dedicadas siempre a algún personaje de la alta sociedad mexicana o de la diplomacia extranjera, conocido cuando Cotto se desempeñaba como empleado o colaborador de semanarios, del Ministerio Mexicano de Hacienda, de la legación salvadoreña en México o como vendedor de enciclopedias.
En ese libro, que tiene ecos de los poetas Manuel Gutiérrez Nájera, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, Cotto se revela como un poeta "de precisión fervorosa, de convivencia cordial, delicada pasión, álgebra de luz y destreza métrica", como un "poeta que se asombra del mundo" y "para quien la vida guarda arcanos íntimos", al decir de los escritores nacionales González y Contreras y Hugo Lindo.
Falleció el 24 de enero de 1938, en su domicilio mexicano de la calle de Bruselas 7, aquejado de tuberculosis pulmonar. Fue sepultado originalmente en la sección de primera clase del Panteón Civil de la capital mexicana, aunque años más tarde sus restos fueron repatriados a El Salvador.
En su homenaje, la escuela urbana mixta del barrio El Calvario, en la localidad de San Luis del Carmen, departamento de Chalatenango, fue bautizada con su nombre.
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