Julio Avila

JULIO ENRIQUE Ávila Villafañe nació en la ciudad de San Miguel, el 4 de agosto de 1892, en el hogar de León Ávila y Virginia Villafañe de Ávila.

Doctor en Química y Farmacia por la Universidad de El Salvador, se dedicó a escribir literatura desde 1914.
Al año siguiente, el domingo 19 de septiembre de 1915 contrajo matrimonio con Lydia Orozco.
Cofundador y codirector de las revistas Cenit (San Salvador, diciembre de 1916) y Revista del istmo, en diciembre de 1921 se hizo cargo de las páginas literarias del diario capitalino La Prensa, al mismo tiempo que con los intelectuales Juan Ramón Uriarte y Miguel Ángel Espino daban forma a un centro editorial para divulgar autores nacionales y extranjeros.
Llegó a ser catedrático y decano de la facultad de la cual se graduó, además de secretario general (octubre de 1928) y primer decano de la Facultad de Humanidades (1948-1950) del Alma Mater nacional.
Se desempeñó también como cónsul de Checoslovaquia en El Salvador (agosto de 1928), delegado salvadoreño en la Exposición Internacional de Sevilla (mayo de 1929), subsecretario de Instrucción Pública durante los nueve meses del régimen presidencial del ingeniero Arturo Araujo (1931) y delegado salvadoreño en el Primer Congreso Farmacéutico Centroamericano (Guatemala, 1936).
Impulsor de la siembra de henequén en el oriente salvadoreño, junto con Antonio Daglio fundaron la fábrica de sacos "Cuscatlán" (1932).
Entre otros cargos privados y públicos desempeñados se encuentran los de director de la radio nacional YSS "Alma Cuscatleca" (1937) y de El Diario de Hoy (31-julio-1941 al 14-marzo-1944), jefe de la sección de Archivo y Propaganda del Ministerio de Relaciones Exteriores y ministro de esta rama del Estado durante el efímero gobierno del general Andrés Ignacio Menéndez (1944), cuya labor le ganó la cruz de la Legión de Honor, conferida por el gobierno francés.
Fundador del Partido Demócrata (San Salvador, febrero de 1952), fue miembro del Instituto Salvadoreño de Cultura Hispánica (del cual fue presidente entre 1955 y 1963), de la Academia Salvadoreña de la Lengua -en la cual ocupó la silla F- y de la Academia Salvadoreña de la Historia -de la que llegó a ser director entre 1960 y 1965-.

Colaboró con periódicos y revistas de varios países hispanoamericanos, entre los que se destaca La Prensa (Buenos Aires, Argentina).
Fue autor de Fuentes del alma (San Salvador, marzo de 1917), Los sueños de Alvarado ("novela de grandes amores", según su autor, 1919), El poeta egoísta (San Salvador, 1922, 117 págs.), El vigía sin luz (San Salvador, 1927, varias reediciones. Su primer tiraje recibió un emocionado comentario de la escritora chilena Gabriela Mistral, ganadora del Premio Nóbel de Literatura), El himno sin patria: ensayo sobre el origen de la música y su acción social (conferencia, San Salvador, 1936 y 1949, 62 págs.), El alma popular de nuestra universidad 1841-1941 (conferencia y ensayo, San Salvador, 1941) y El Pulgarcito de América (s. f.).
Uno de sus libros más conocidos, El mundo de mi jardín (San Salvador, diciembre de 1927, varias reediciones), fue elogiado entre mayo y julio de 1928 por el intelectual español Miguel de Unamuno, la escritora chilena Gabriela Mistral y el poeta peruano José Santos Chocano, Además, recibió agradables comentarios de escritores y periódicos de Buenos Aires, Guatemala, México, La Habana, Santiago de Cuba y otros lugares de Hispanoamérica. Desde la segunda edición, esta obra exhibe como prólogo la misiva que el escritor ibérico de la "generación del 98" le remitiera al autor salvadoreño.
Bajo la dirección del profesor y difusor cultural Adolfo de Jesús Márquez, en la radio YSEB "La voz de Latinoamérica" funcionó, en 1952, un programa cultural titulado Hora Julio Enrique Ávila.
Un año más tarde, la escritora Siever Johanna Meyer Abich tradujo al alemán su texto El himno sin patria, el cual obtuvo elogiosos comentarios en diversas partes del mundo.

Aquejado por grave enfermedad en febrero de 1957, el doctor Ávila estuvo interno en la capitalina Policlínica Salvadoreña y luego se marchó, en compañía de su esposa, a un hospital de la ciudad estadounidense de New Orleans. Mejorado de su salud, retornó al país en mayo del mismo año.
Sin embargo, sus quebrantos corporales se volvieron cada vez más frecuentes, al grado tal que en junio de 1960 se vio obligado a marchar a la ciudad de México, con el fin de someterse a nuevos tratamientos médicos.
Falleció en el Centro de Emergencias, ubicado en la ciudad de San Salvador, a las 22:20 horas del sábado 16 de noviembre de 1968.
Al momento de su muerte, dejó inéditas obras tales como Los ritmos desnudos (poemas), Poemas del dolor irreverente, Génesis de los himnos de América (investigación comparativa), Galerías (definida por su autor como "vidas, almas y obras"), Un alma frente al espejo (prosas poéticas), Palomas y gavilanes (prosas poéticas), El pulgarcito de América (folleto de intención cívica salvadoreña) y Mensajes de utopía (ensayo de noveleta regional).
La escuela urbana mixta unificada del barrio La Primavera, en la localidad de La Reina, en el departamento de Chalatenango, fue bautizada con su nombre, en un acto desarrollado el sábado 27 de mayo de 1961.

En 1998, se usó su apelativo para denominar al auditórium de la Facultad de Humanidades de la Universidad de El Salvador, como parte de las celebraciones del quincuagésimo aniversario de fundación de esa área de los estudios superiores salvadoreños.