Francisco Galindo E.

FRANCISCO ESTEBAN Galindo Enríquez nació en la ciudad de San Vicente, el 12 de marzo de 1850, hijo del español Alonso Galindo y la nicaragüense Esmeralda Enríquez. El 31 de marzo de 1858, sus progenitores trajeron a la vida a su hermana Antonia, quien también tuvo fuerte inclinación por la literatura y fue una de las malogradas escritoras nacionales del siglo XIX.
Inició sus estudios en la escuela elemental local, dirigida por el prestigioso pedagogo Nicolás Aguilar. Después, continuó sus cursos secundarios de filosofía y letras en la escuela normal del lugar, fundada en 1860 por el presidente y general Gerardo Barrios y dirigida por el educador español Alejandro Arrué. Cuatro años después se marchó para bachillerarse en el Colegio Nacional (1866) y matricularse en la Universidad de El Salvador, donde obtuvo su licenciatura en Derecho (8 de octubre de 1871) y su título de doctor en la misma disciplina y por la misma facultad (19 de octubre de 1871).
Desde 1871 participó en la política salvadoreña, incorporado en las filas del partido liberal.
Se desempeñó como jefe de sección de los ministerios de Gobernación, Instrucción Pública y Hacienda y Guerra. En febrero de 1872, fue designado como representante nacional ante el Congreso Centroamericano, reunido en el puerto de La Unión con miras a restablecer la unión ístmica. En agosto de este mismo año, asumió las cátedras de economía política y derecho público en la Universidad de El Salvador, con lo que dio inicio a una larga y destacada carrera como docente de estudios superiores.
El viernes 23 de agosto de 1872, en el improvisado teatro de la capitalina calle de La Unión, la compañía de Saturnino Blen estrenó, ante escasa concurrencia, un drama de Galindo en tres actos y en verso, titulado Dos flores, o sea, Rosa y María. Esta obra fue publicada en el periódico El correo de ultramar (París, 1872) y reeditada en la revista El pensamiento (San Salvador, 1896).
Su pasión por el civismo se manifestó en su obra Cartilla del ciudadano, que fue publicada por el gobierno en 1872 y se utilizó como texto en todas las escuelas nacionales, al grado tal que para 1906 llevaba ya cinco reediciones. También escribió un ensayo, Elementos de pedagogía (1886), premiado en un certamen convocado a nivel centroamericano.
En 1874 fue nombrado presidente de la junta organizadora de la primera Escuela Nocturna de Artesanos, con sede en la capital salvadoreña.
Miembro de la comisión compiladora de las leyes nacionales (1875), desde el primer día de octubre de 1875 asumió la dirección del naciente Diario oficial, considerado entonces como un auténtico periódico y no sólo el órgano de difusión de la legislación salvadoreña. Sin aviso previo, abandonó este cargo en mayo de 1876.
Fundó y redactó publicaciones periódicas de gran importancia, como El álbum (San Salvador, 1875, revista poética cofundada con Salvador J. Carazo), La tribuna (San Salvador, 1878, medio político y literario cofundado con Antonio J. Castro, Antonio Guevara Valdés y Rafael Reyes) y El ciudadano (1881, semanario liberal editado en la ciudad de San Vicente. Dejó de aparecer cuando Galindo se marchó hacia Sonsonate y, después, hacia Honduras)
Como poeta romántico, escribió muchas composiciones, algunas de las cuales fueron publicadas en el periódico semioficial El faro salvadoreño.
Galindo también realizó una importante labor social, como miembro de diferentes instituciones. Fue socio correspondiente de la Real Academia de la Lengua, de la Sociedad de Artesanos de San Salvador, de la Sociedad Económica y del Porvenir de Guatemala y de la asociación La juventud, de San Salvador.
Tenido por conspirador contra el régimen del Dr. Rafael Zaldívar, fue encarcelado el 6 de agosto de 1876. Liberado poco después, se marchó hacia la ciudad de Sonsonate y poco tiempo más tarde emprendió camino hacia Honduras y Guatemala. Radicado en Antigua Guatemala, fue nombrado por el gobierno de la vecina república como inspector de educación primaria en el departamento de Sacatepéquez. Afincado en la capital guatemalteca, pronunció el discurso de inauguración de la Biblioteca Nacional (24 de junio de 1880).
Las intrigas políticas pronto lo hicieron caer en desgracia ante el gobernante guatemalteco Justo Rufino Barrios. Esta situación y la invitación que le hiciera el Dr. Zaldívar para que retornara (diciembre de 1882), lo movieron a regresar a Sonsonate, donde contrajo matrimonio con Dolores García y Arce, el 11 de marzo de 1883.
Electo como diputado constituyente por el departamento de La Paz (1883), presentó su renuncia a dicho cargo, la cual no le fue aceptada. Incorporado al máximo cuerpo colegiado de la República, propuso la disolución voluntaria del mismo e impugnó el proyecto de Constitución con un brillante discurso.
Durante su segunda estancia en suelo salvadoreño, Rubén Darío lo elogió como el más brillante orador salvadoreño de su época. En un banquete desarrollado en la ciudad sonsonateca (1889), el vate nicaragüense lo saludó con este brindis en verso:
Por el que echa rosas de oro
cuando dice sus palabras.
Por ti, Galindo, que labras
tu pensamiento sonoro.

Dos de sus más recordados discursos fueron Trascendencia de la ciencia en la vida del hombre (San Salvador, al inicio de las clases universitarias, 1872) y el del centenario natal del Libertador Simón Bolívar (San Salvador, 24 de julio de 1883). Además, entre 1871 y 1872 tuvo destacada participación pública en contra del clero, lo que motivó a la expulsión de los jesuitas del territorio nacional.
Fugaz director de la Oficina Central de Estadística (San Salvador, 1883), fue nombrado como ministro de Beneficencia y Fomento (26 de junio al 3 de noviembre de 1885), cargo al que renunció cuando fue señalado como principal cabecilla de un intento golpista contra el gobierno nicaragüense. Enterado de semejante falsedad, el presidente y general Francisco Menéndez le encomendó la redacción del Reglamento de instrucción secundaria y normal y lo designó como director general de Instrucción Pública (14 de diciembre de 1885), empleos que Galindo rechazó.
Convocada una nueva Asamblea Constituyente en 1886, fue electo diputado y designado como presidente de aquel cónclave, que legó al país una de las mejores y más permanentes Cartas Magnas de toda su historia. Sin embargo, la actitud servil de muchos diputados lo motivó a abandonar para siempre el recinto parlamentario, renuncia que le fue aceptada el 30 de junio de ese mismo año.

Interesado en toda empresa cultural de importancia que se diera en el país a fines del siglo XIX, participó como corresponsal del Repertorio salvadoreño, órgano de la Academia de Ciencias y Bellas Letras de El Salvador, que se comenzó a publicar desde 1888.
Delegado nacional en las Conferencias Centroamericanas (Costa Rica, 1888), el 11 de abril de 1889 fue nombrado gobernador departamental de Sonsonate, cargo que aceptó con ciertas reservas. Al presentar su renuncia, en diciembre, fue considerado como enemigo del régimen menendista.

Tras el triunfante golpe de gobierno (junio de 1890), colaboró con los nuevos mandatarios, Carlos y Antonio Ezeta, como agente confidencial ante el gobierno guatemalteco, con la misión de evitar una invasión militar contra el territorio salvadoreño. Fue apresado e incomunicado en la capital guatemalteca, pero una vez recobrada su libertad intervino en las pláticas de paz entre ambos Estados centroamericanos. Regresó al país el 19 de agosto de 1890 y el cese de hostilidades fue firmado en Acajutla.
Negado a ser gobernador departamental de Sonsonate (octubre de 1890), desempeñó el empleo ministerial de Relaciones Exteriores (13 de octubre de 1890-25 de septiembre de 1891), al que siguieron los de comandante del puerto de Acajutla y abogado consultor del Poder Ejecutivo.

En sus últimos años de vida, se dedicó a laborar en su procesadora de alcohol en San Salvador y a la explotación del bálsamo en sus terrenos cercanos a la ciudad de Sonsonate, donde expiró, el 23 de mayo de 1896.
Como homenaje a su vida y obra, la escuela urbana mixta y el anexo parvulario de San Cayetano Istepeque, en el departamento de San Vicente, fueron bautizados con su nombre.

En 1996, David Escobar Galindo, uno de sus más ilustres descendientes, recopiló varios de sus escritos en el volumen Centenario 1896-1996, publicado en San Salvador. Como parte de ese mismo homenaje personal, este intelectual salvadoreño escribió el artículo Encuentro con Galindo, cien años después, sección Quinta Columna, La Prensa Gráfica, San Salvador, sábado 7 de diciembre de 1996, pág. 8A.