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Dario Gonzalez
JOSÉ DARÍO González Guerra nació en "la casa de los Rodríguez", en el barrio del Calvario de la ciudad de San Vicente, el 20 de diciembre de 1833 y no el 19 de diciembre de 1835, como se ha repetido innumerables veces.
Fue fruto de la unión de Dionisio González y de Felipa Guerra. De sus progenitores se sabe que su madre gustaba de la pintura y que poseía una voz melodiosa, vocaciones que heredó a sus hijos Darío y Emilio. Del joven Darío, la iglesia parroquial de San Vicente conservó por varios años uno de sus cuadros al óleo. Su padre era considerado un modesto hacendista, cuyo trabajo principal -aparte del de contador local de Propios y Arbitrios- fue el de pedagogo consagrado, en virtud del cual redactó textos como Modelo de contabilidad oficial de resultados generales (1877), Cálculo mercantil precedido de algunas nociones sobre aritmética mercantil (1883), Catecismo popular de historia natural (1883) y una curiosa Gramática castellana.
Realizó los estudios primarios en su localidad natal, bajo la conducción de su padre, pero los escasos recursos familiares le impidieron, por algún tiempo, continuar los cursos secundarios.
Cuando su progenitor mejoró en su condición económica, se trasladó a la ciudad capital y se matriculó en el preuniversitario Colegio Nacional de La Asunción (hoy parte de la zona norte de Catedral). Tras el devastador terremoto del 16 de abril de 1854, el gobierno de José María San Martín ordenó el establecimiento del Alma Mater en la urbe vicentina e inauguró clases el 10 de agosto del año siguiente. En este período de duras pruebas para el país, obtuvo su grado menor de bachiller en Filosofía y decidió seguir la carrera de Medicina y Cirugía.
Por las condiciones de inestabilidad y la peste del cólera morbus que azotó al país por esos años, se trasladó a la ciudad de Guatemala, en cuya Universidad de San Carlos se matriculó para iniciar y culminar sus cursos científicos superiores.
Con estudios pagados gracias a las clases de matemáticas y filosofía que impartió en varios colegios de la capital chapina, colaboró con los apestados por el cólera (1857) y obtuvo sus grados como licenciado (1859) y doctor (1861). Su tesis doctoral, titulada De las hidropesías en general, fue la primera tesis salvadoreña presentada en forma impresa y ya no dibujada y manuscrita por un calígrafo.
Liberal de ideas radicales y anticlericales, en 1861 retornó al país y se incorporó a la Universidad. Por el prestigio de sus diagnósticos, el mandatario y general Gerardo Barrios lo nombró su médico de cabecera y primer cirujano de la república, en cuyas funciones cumplió heroicas labores durante las cruentas batallas de 1863, que culminaron con el derrocamiento del gobierno barrista a manos de las fuerzas militares guatemalteco-salvadoreñas, comandadas por el general Rafael Carrera y el licenciado Francisco Dueñas.
Médico del Hospital Central (ahora Rosales), también prestaba sus servicios en su clínica particular, en la que destinaba un día a la semana para dar servicio gratuito a las personas pobres que se lo solicitaban.
Desde 1864 laboró en la Universidad de El Salvador, como catedrático (1864-1871), prosecretario y secretario en funciones (octubre de 1866-abril de 1867), vocal del naciente Protomedicato (marzo de 1867) y rector (1871-1873, febrero de 1876-mayo de 1877) y consejero propietario por la Facultad de Medicina (junio de 1877).
Como seguimiento a los pasos paternos, se volcó hacia el campo educativo y, en 1864, fundó en San Salvador un prestigioso centro de estudios secundarios, el Liceo de San Agustín, el cual entró en rápida competencia con el Liceo de Santo Tomás, fundado tres años antes por el educador José María Cáceres (Zacatecoluca, 1818-Nueva San Salvador, 1889), con quien el Dr. González también sostuvo fuerte rivalidad por la elaboración, distribución y control de los mercados privado y oficial de libros de texto.
Para junio de 1866, el Liceo del Dr. González contaba con 41 estudiantes internos y 17 externos. Ellos recibían clases de Escritura, Aritmética elemental, Gramática castellana, Latinidad, Francés, Filosofía, Aritmética y álgebra, Teneduría de libros, Geometría, Matemáticas superiores, Física y Geografía, Dibujo, Física medicinal, Música vocal e instrumental, Doctrina cristiana (con el famoso Catecismo del Padre Ripalda) y Urbanidad (explicada cada sábado). Además, el centro educativo contaba con su propio gimnasio y con una serie de esferas y mapas geográficas, importados desde Francia por su fundador y director.
Poco tiempo después, el Liceo de San Agustín se fusionó con el Instituto Central de Varones (hoy Instituto Nacional "Francisco Menéndez", INFRAMEN), cuando el mandatario Francisco Dueñas decidió reabrirlo y confiar su dirección al galeno y educador vicentino.
Fundador de la Sociedad Económica de la República de El Salvador (25 de agosto de 1870), fue electo diputado por el departamento de La Libertad ante la Asamblea Constituyente (1872). En este mismo año fue designado miembro correspondiente de la Real Academia Española (Madrid), al que luego siguió igual nombramiento por parte de la Real Academia de la Historia.
Fue nombrado tercer designado a la Presidencia de la República (6 de marzo de 1873), ministro de Instrucción Pública (27 de marzo de 1873) y de Gobernación (febrero-marzo de 1874).
Amigo del Dr. David J. Guzmán, en 1875 realizaron varias expediciones científicas por el interior de la república, para estudiar los yacimientos fosilíferos en el lecho del río Los Frailes (Ilobasco) y en la barranca del Sisimico (San Vicente), al igual que depósitos de lignito en las zonas pluviales del Torola y del Titihuapa. Además, realizaron investigaciones sobre la flora salvadoreña y sus atributos industriales y terapéuticos, lo que los ubica como pioneros de los estudios botánicos en el país.
El 2 de septiembre de 1878 interpuso la renuncia a todos sus cargos y se marchó a la ciudad de Guatemala, donde fue contratado para servir la cátedra de Física médica en la Universidad de San Carlos (USAC), fungir como director e inspector de Instrucción Pública (1879) y dirigir el Instituto y el Observatorio Nacionales.
Tras la triunfante revolución salvadoreña de junio de 1885, que dio al traste con el gobierno despótico del médico Dr. Rafael Zaldívar, el nuevo mandatario y general Francisco Menéndez lo llamó para que se hiciera cargo de la dirección del Instituto Nacional, empleo en el que permaneció hasta junio de 1890, cuando se trasladó a su ciudad natal para no servir al régimen golpista de los hermanos Carlos Basilio y Antonio Ezeta.
En este mismo año, realizó una expedición científica al volcán guatemalteco Pacaya, de cuyos resultados rindió un sesudo informe, reproducido por el Diario oficial salvadoreño.
Durante esta misma estancia en la vecina república, en abril de 1892 realizó una exploración del sitio arqueológico de Tehuacán, en la zona oriental del volcán de San Vicente. En ese mismo año, retornó al claustro universitario para ofrecer sus conocimientos en las cátedras de Física experimental, Física médica y Fisiología técnica y práctica. Ofreció clases hasta el 2 de marzo del año siguiente, cuando solicitó un mes de permiso y no volvió más.
Se marchó hacia la capital guatemalteca, contratado de nuevo para dirigir el Instituto Nacional de dicha ciudad, representar a ese país en el primer Congreso Pedagógico Centroamericano (ciudad de Guatemala, 1893) y desempeñarse como vocal de la Facultad de Filosofía y Letras de la Escuela Normal Superior (1895).
Entre 1895 y 1896 se mostró entusiasmado por el descubrimiento de los rayos X o catódicos, realizado por el médico alemán Wilhelm Röntgen. Presa de su entusiasmo por este avance científico, dictó conferencias de divulgación, tradujo artículos del francés al castellano y hasta armó su propio aparato de rayos X, con el cual ofreció una demostración histórica, el 16 de abril de 1896.
En 1900, el gobernante y general salvadoreño Tomás Regalado lo hizo volver al país, al ofrecerle el puesto de director del Instituto Nacional Central de Varones, desde el que realizó una profunda reforma de la educación secundaria y cuyo plan fue aprobado en noviembre de 1908.
A lo largo de su vida recibió varios galardones y condecoraciones, entre las que cabe mencionarse a la de Comendador de la Legión de Honor (Francia), la Gran Cruz de la Orden de Santiago y de la Espada (Portugal), el Gran Cordón de la Orden del Libertador (Venezuela), las Órdenes Carlos III e Isabel La Católica (España), Caballero de la Gran Rosa (Brasil) y otras.
Debido a las Palmas Académicas de oro y plata, conferidas a inicios del siglo XX por el gobierno francés y su Academia, el predio de la incendiada Iglesia de Santa Lucía (1861-1897) fue denominado por algún tiempo "Plaza Dr. Darío González". Desde 1913 hasta 1928, en ese mismo lugar funcionó el Mercadito Meléndez o del Norte y, a partir de 1944, ha servido como punto de autobuses y lugar comercial del centro capitalino, bajo la denominación de Plaza "14 de julio".
Afectado por el cáncer de garganta, falleció en la ciudad de San Salvador, el 11 de enero de 1910, casi dos años después de que su esposa, Dolores Latorre de González, muriera en la ciudad de Guatemala, a la edad de 74 años (5 de marzo de 1908). Habían contraído matrimonio el 25 de noviembre de 1865 y procreado seis descendientes. Como fatal coincidencia, su primogénito, Alfredo, murió en la misma fecha que el Dr. González.
En junio de 1961, falleció en San Salvador la profesora Laura González, última hija de este ilustre salvadoreño y quien era la viuda del químico e historiador Dr. Rafael González Sol y madre de Lilia, casada con el historiador salvadoreño Jorge Lardé y Larín (1920-2001).
Entre las obras publicadas por el Dr. Darío González se encuentran Principios generales de mecánica para la enseñanza en los institutos y colegios de Centro América (San Salvador, Imprenta Nacional, 1872; Guatemala, 1882; New York, Appleton & Cía., 1885), Aritmética elemental para la enseñanza de las escuelas y colegios de la América Central (En San Salvador, fue adoptada como libro oficial de texto en junio de 1874. Seis años después, el gobierno reimprimió seis mil ejemplares. La decimoctava edición fue impresa en la ciudad de Guatemala, en 1928), Lecciones de geografía de Centro América (1876, adoptadas como texto oficial el 12 de abril de 1877, con reediciones en 1880, 1888, 1907, 1916) y Tablas meteorológicas para el servicio del Observatorio del Instituto Nacional Central (San Salvador, Imprenta Nacional, 1888).
A esa lista se suman otros títulos, tales como Principios de filosofía positiva. Lecciones arregladas para los alumnos del Instituto Nacional Central (San Salvador y Guatemala, Imprenta Nacional y Tipografía Nacional, 1895, 351 págs. En realidad, era un tratado sobre Psicología y Lógica), Estudio histórico de la república de El Salvador (San Salvador, Imprenta Nacional, ¿1895?, 126 págs.) y Nociones de pedagogía en pequeñas lecciones, destinadas a servir de texto en los establecimientos de enseñanza (Guatemala, Tipografía Nacional, 1899, 169 págs., segunda edición).
Ya en el siglo XX, dio a conocer otros libros suyos: Datos sobre la república de El Salvador y catálogo de los productos enviados a la Exposición Panamericana de Búfalo, N. Y., EE. UU. de A. (San Salvador, imprenta La luz, 1901, 74 págs.), Nociones generales de higiene para la enseñanza en las escuelas, colegios y liceos (San Salvador, 1897; imprenta La unión, 1908, tercera edición), Nociones de moral y urba-nidad (San Salvador, imprenta La unión, 1908, cuarta edición), Nuevo compendio de geografía de la América Central, para uso de las escuelas y colegios de Centro América (Guatemala, Goubaud y Cía., ¿1930?, decimosexta edición, revisada y puesta al día por Ricardo E. Alvarado, 212 págs.) y Libro de lectura de conocimientos útiles para las clases superiores de la escuelas (New York, Appleton & Cía., 1885, 114 págs.), etc.
Los dos tomos originales de su obra cumbre, titulada Flora médica-industrial centroamericana, con acuarelas ilustrativas hechas por el propio autor, fueron entregados por su yerno Dr. Rafael González Sol al gobierno guatemalteco del general Jorge Ubico, que mostró interés por su publicación. Tras los sucesos de 1944, que condujeron a la caída de este gobernante despótico, las nuevas autoridades dieron por extraviados esos volúmenes manuscritos.
Muchos de sus pensamientos eruditos y ensayos científicos fueron acogidos por las páginas de revistas y periódicos del país, como El fénix (1873), La Universidad Nacional (quincenal, 1875), La república (1884), La universidad (1888), La clínica (1893 y 1902), Anales del Museo Nacional (1903-1910), La quincena (1903-1908), La Escuela de Medicina de El Salvador (1907, de la que fue redactor en jefe) y muchas publicaciones más.
En homenaje a su memoria, la medalla anual al mérito magisterial en el nivel primario (creada por el decreto legislativo 202, del 16 de septiembre de 1947), dos escuelas (San Vicente y colonia Dolores, San Salvador) y una calle de su localidad natal fueron bautizadas con su nombre. |