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Alberto Luna
NACIO EN el entonces pueblo de Atiquizaya, departamento de Ahuachapán, el 12 de abril de 1856. Fue hijo de Salomé Luna, quien también procreó a sus hermanos Rafael, Pedro y Antonio.
Estudió las primeras letras en la escuela pública de su localidad natal, pero su madre, consciente del prometedor futuro académico de su vástago, lo envió a la para ese momento villa de Ahuachapán, para que estudiara el bachillerato en Filosofía y Letras en el colegio secundario de dicha población.
Con ese título menor en mano, se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos, en la capital guatemalteca, donde a la edad de 24 años coronó sus estudios doctorales en Medicina y Cirugía.
En 1880 retornó al territorio natal y se incorporó a la Universidad de El Salvador, a la vez que abrió su clínica en la ciudad de Nueva San Salvador, desde la cual atendía también a pacientes de Atiquizaya, Sonsonate y Armenia.
Tres años más tarde, en septiembre de 1883, tuvo ocasión de atender a uno de sus más ilustres pacientes, cuando las señoritas Cáceres Buitrago lo contrataron para que atendiera el ataque de viruelas que afectaba al poeta adolescente Rubén Darío, alojado en su casa familiar, situada en el actual supermercado frente al local tecleño de Pizza Hut. De esa relación nació una entrañable amistad y una profunda admiración por el escritor nicaragüense, que llevó al doctor Luna a bautizar a uno de sus propios hijos, nacido en octubre de 1897, con el nombre del Vate. Tiempo después, le dedicó al bardo modernista su trabajo El valle de Nicaragua, publicado en la Revista latinoamericana (México, año VI, no. 17, tomo VII, no. 7, ´15 de enero de 1890, págs. 3746-3747).
En 1883 fue electo para el cargo de regidor de la municipalidad de Nueva San Salvador, encabezada por el general Ciriaco Choto. En ese mismo año contrajo matrimonio con Joaquina Larreinaga -hija del agricultor y político José Dolores Larreinaga, cuyo apellido da nombre a una colonia tecleña, ubicada en el costado oriental del Colegio "Santa Cecilia"-, con quien procreó a catorce hijos e hijas, de los que solo doce alcanzaron años mayores de vida: José, Alberto, Clara, Joaquina, Blanca, Angélica, Rubén Darío, Rafael, Concepción, Miguel Ángel, Zoila y Pedro.
A partir de junio de 1885, su suegro fue nombrado como ministro de Instrucción Pública y Hacienda por el general Francisco Menéndez, cuya revolución consiguió derrocar al régimen del déspota ilustrado que fue el médico Dr. Rafael Zaldívar. Gracias a ese cargo y al conocimiento de las capacidades del Dr. Luna, él fue contratado como director de los Archivos Nacionales, con especial énfasis en que elaborara un catálogo minucioso de los documentos históricos alojados en el primer Palacio Nacional de la ciudad capital. Muchos de los curiosos folios que extraía de polvorientos legajos fueron paleografiados por él mismo y dados a conocer por medio de las revistas y periódicos de fines del siglo XIX.
Debido a sus inquietudes científicas e históricas, en mayo de 1888 fue nombrado socio de la Academia de Ciencias y Bellas Letras de San Salvador, de cuya revista Repertorio salvadoreño llegó a ser corredactor tres años más tarde, cuando ya publicaba artículos en La universidad, órgano oficial de la Universidad de El Salvador. |