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LE PASO POR QUEBRARSE A SU ALUMNA MAS SEXY Jacinto era hijo de la vieja beata de un pueblo del interior del país llamada Pabla Martínez y quien según los chambres del pueblo era hijo sacrílego de un viejo cura pícaro que fue marido de la Pabla de esto hace unos veintiocho años. El curita ya se murió pero como no lo reconoció tomó el apellido de su madre y el apodo se lo pusieron los vagos del pueblo: Chinto. Fue su cruz el hecho de que nadie en la ciudad capital – su nuevo domicilio – se enterara de ello y lo que es peor le comunicara a todos sus conocidos ese tan lamentable apodo. (Nota: para los que no saben que quiere decir “chinto” es la regla o menstruación de las mujeres). Bueno, Jacinto siempre fue un brillante estudiante desde los días de alumno en su Escuela Urbana Mixta, hoy Centro Escolar de la población de … no viene al caso para este cuento. Con los años Jacinto obtuvo su título universitario de Licenciado y a partir de ese momento fue conocido como Licen. y algunas le llamaban confianzudamente Lic. Pero en el pueblo natal ahora era conocido como el Dr. Chinto. Repito que en la ciudad capital nadie conocía sus orígenes, lo que le valió conocer a una guapa señorita que trabajaba como Gerente de una sucursal bancaria muy bien ubicada en la mejor colonia de la ciudad. Dentro de 6 meses contraerían matrimonio y estaban muy enamorados e ilusionados preparando su próximo enlace. Pasando al punto del cuento, radica éste en que el Licenciado decidió aceptar dar unas horas clases en su vieja Facultad y ahora ya en su calidad de catedrático, impartía muy diligentemente su clase a unas cincuenta personas de 5 a 6 y media todas las tardes, menos el miércoles. No recuerdo bien si era en la Universidad de la Misión Imposible, del Crucero del Amor, la Tontológica o la Nacional. Pero se empezó a presentar todos los días una situación particular a los veinte minutos de haber empezado a impartir su clase, se comenzaba a escuchar a lo lejos que se iba acercando el ruido de unas tapitas de tacones femeninos de esta manera: tic… tic…tic…tic.. y que presagiaban un bamboleo de piernas y un pleito de nalgas que se mostraban abiertamente en lucha contra las normas del buen vestir de la vieja Pabla y más de moda con la alta costura nacional de la Gran Vía. En pocas palabras era una alumna muy sexy en su andar, vestir, conducirse, apariencia, modo, hablar… etc. El profesor el segundo día de clases que fue cuando primero hizo su aparición luego del taconeo y de una presentación en la puerta principal del aula de la siguiente manera: ¡Bueeeeeeeenas taaaaardes! Interrumpiendo la explicación del profesor. ¡Usted es el Lic. Martínez! Chinto apenas cabeceó el sí. Y ella le agregó: ¡Ah! Pues yo soy su alumna, con permiso. Al unísono se escucharon silbidos de Fiui Fiuuuuuiii Fiui ¡que cuero! Mamacita vení sentate aquí. ¡Que curvas y yo sin freno! El sector masculino del aula se alebrestó de inmediato. Pero ella aprovechando el único asiento vacío de la parte delantera se acomodó en el mismo y comenzó a sacar de su portafolio, cuadernos, libro, lapicero y cepillo, el cual comenzó a deslizarlo provocativamente por su larga cabellera negra. A continuación el Lic. Martínez continuó con su clase. Al final de la misma aprovechó la alumna para acercársele y hacer de su conocimiento que llegaría tarde porque trabajaba hasta las 5 pm y aunque su lugar de trabajo no era muy distante, se tardaría siempre unos quince o veinte minutos por lo que le solicitaba permiso para llegar tarde. El Lic. no puso objeción pero a partir de ese día se hicieron habituales los taconeos y bamboleos de la “entrada” de la alumna más sexy a clases. Además de llegar tarde y hacer entradas a lo Paris Hilton, Madonna o la Princesa de Mónaco tenía la particularidad de coquetearle al Lic. de la forma más directa y posible que una alumna lo suele hacer. Bástenos contarles los siguientes ejemplos: Si llegaba con falda corta. Trataba de mostrarle las piernas en forma ligeramente abiertas, bien abiertas, medio cerradas, levantadas, mostrando un poquito el bikini, etc. De repente lo interrumpía y le solicitaba que repitiera lo dicho últimamente pero en la forma de pedírselo más parecía que le estaba enviando un besito que haciendo una pregunta de la clase. Los varones armaban una algarabía en estos casos y las hembritas solamente cabeceaban negativamente y se le quedaban viendo como diciendo ¡Esta se ha propuesto “cogerse” a este maistro! Y efectivamente ese era el plan de la alumna más sexy del Lic. Martínez. El problema es que aquel estaba muy enamorado de su novia, a punto de casarse, no quería arriesgar su nuevo trabajo de catedrático y de paso cuando se le ocurrió pensó en el Sida y tuvo miedo de contagiar a su futura esposa. Desechó la idea de su mente, a pesar de que hasta lo acompañaba al carro después de la clase, haciéndole preguntas y con lo cual convencía cada vez más al Lic. que nunca ponía atención para nada en la materia. En público le manifestaba que si podía pasar por su cubículo para que le explicara temas que decía no entender. Varones y hembras lo daban por hecho: “Esta ya pasó por el cubículo o el profe ya la levantó en su vehículo” Mas lo cierto era que el profesor era bastante correcto en cuestión de notas y de faldas, los dos exámenes parciales que había realizado, reflejaban la nota real obtenida por nuestra sexy alumna. En el primero tres y en el segundo cuatro de notas. La situación se volvía apremiante para ella. Era necesario que el profesor se metiera con ella si no quería reprobar la materia. Pero el Lic. no daba muestras de aceptar sus proposiciones ni sus indirectas peticiones de que la llevara a pasear por la calle de los locos. Al final del ciclo, la alumna más sexy fue reprobada con todo y las visitas al cubículo y al vehículo para ver si el Lic. se la levantaba. Despechada la pobre tuvo que recurrir a su novio un Capitán de alta en el Ejército Nacional y a moco tendido le dijo que un Licenciado Martínez que era su profesor en la Universidad, se la “quebró” en la materia solamente porque no quiso acceder a las peticiones sexuales del corrompido profesor.
Y el tal Francisco Mardoqueo se subió también al carro y arrancó como alma que se lo lleva el diablo. Entraron directamente al cubículo del Lic. Martínez y el oficial sin mediar palabra le pegó un bofetón en el rostro al pobre profesor quien cayó al suelo e inmediatamente fue agredido con una patada. Al ver que el Lic. no se defendía el oficial optó por retirarse. Un momento después entra la alumna mas sexy del profesor y le dice: “Mire Lic. a mí solo me quiebra el que yo quiero y a mí nadie me desprecia.” |
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