Historial Hombres casos de la vida real.


LA CANASTA NAVIDEÑA DEL BANCO

Por Gino Santamaría ©2007

El día veintitrés de diciembre la sirvienta de la casa recibió una llamada en donde se preguntaba por mi esposa de parte del Banco HSCB que nos puso bolos con tanto anuncio y al final siempre me trabo para pronunciarlo y mucho más para escribirlo. La misma muchacha que contestó el teléfono al avisarle a mi esposa de la llamada dijo le hablan del HBC. Mi esposa contestó el teléfono pese al caos imperante en mi casa. Recién había llegado mi cuñada con toda su familia del interior del país y además de que a esa hora de la mañana mi suegra ya había tomado el mando del ajetreo para los preparativos de la inminente nochebuena que se acercaba. - La señora de N. (dijo la telefonista) - Sí. (Contestó mi esposa) - Le hablamos de su Banco HSBC – bien pronunciado – para informarle que ha salido premiada por ser una de “nuestra mejores clientes” con una CANASTA NAVIDEÑA - Mamá, gritó mi esposa me saqué una canasta el Banco. - Vaya, dijo mi suegra, pero a mi vecina el Banco Agrícola le acaba de regalar un Televisor. - Puede pasar por nuestro Centro de Atención al Cliente en la Alameda Manuel Enrique Araujo. Su pin para reclamarlo es el 007+05-3 le manifestaron. - ¿A qué hora cierran? - Dentro de cinco minutos. Lo mejor es que lo reclame el día de mañana pero solo abriremos por la mañana. - Vale unos $300 dijo mi suegra. - Mi cuñada dijo que unos $500 en productos. - Quizá $1000 dijo la metida de la muchacha, desde la cocina. De inmediato, la familia entera celebró la suerte de mi esposa por tan oportuna canasta, la cual se volvía indispensable para la próxima reunión familiar navideña. Al nomás contarme mi esposa sobre tal suceso, empezamos a pelear por la botella de Whisky, pues ya la había destinado para su hermano mayor y su servidor la quería para su paladar. Mi suegra se recetó todas las latas. Mi cuñada se quedó pensando si le pondrían cigarrillos. Mi hijo dijo que reservaba todos los dulces y chocolates, las muchachas los condimentos y hasta el perrito de la casa participó con un ladrido al ver el alboroto que causaba la celebración del obsequio navideño del Banco donde mi esposa tiene sus cuentas. Estaba seguro que dicho obsequio era por el préstamo que recién habíamos tomado con dicho entidad bancaria y pensé: “Por lo menos algo devengamos de tan alto interés bancario que nos ponen estos bancos”. Se están dando algo a querer con la gente. Vaya… el Banco Salvadoreño nunca nos regaló nada. A la mañana siguiente por tener en el taller de reparación el vehículo de mi esposa, fui despertado por mi suegra, para preguntarme si tenía algo que hacer esta mañana. (Cómo si no supiera que trabajo todos los días). Somnoliento le pregunté ¿Qué pasa? Es que quiero decirle que no se bañe primero porque mi hija tiene que arreglarse para ir a recoger la Canasta que se sacó en el Banco HSBC. Antes que terminara estaba metido en el baño, pues da la casualidad que mi esposa se tarda dos horas por lo menos para arreglarse. Llamaron a mi vecina, para que me hiciera el “favor” de irme a dejar a mi trabajo en mi carro, porque iba a acompañar a mi esposa a reclamar al Banco la magnífica canasta navideña para beneficio no solo de mi familia sino de todo el vecindario en nochebuena. Sin protestar y en beneficio de la causa comunitaria a estas alturas, logré llegar cinco minutos tarde nada más a mi trabajo. No sin antes ponerme al día en todos los “chambres” del vecindario por mi querida vecinilla. Mi suegra sacrificó su visita de compras al mercado por la mañana, pese a que ya era el propio 24, para ver que contenía la canasta y no fuera inapropiado comprarlo otra vez. Esa mañana fue una de las pocas veces que apuró a mi esposa para que no se tardara las dos horas en arreglarse. Posteriormente la muchacha me contó que le gritaba: “Te buscan” “Te llaman por teléfono” “Apurate para que firmés un cheque” “Van a cerrar el Banco y no vas a reclamar la canasta” Al parecer este último grito fue el que la convenció para que totalizara una hora cincuenta minutos en su arreglo personal mañanero. Todo un récord según mi experiencia. Al final llegaron al sótano de la sede principal del Banco HSBC, estaba repleto, tenían dos posibilidades: tomar un número de un aparato rojo o preguntar. Preguntaron y le dijeron que la cola de la derecha era para reclamar las canastas. Solamente había una cola de 5 personas y en la otra estaban 30 personas sentadas esperando a ser atendidas. Al llegar al final de la línea lo primero que preguntaron fue el dichoso pin. Y allí cogieron por sorpresa a mi esposa – si es imposible que recuerde el número de un celular – era increíble que recordara el pin. Entonces – le manifestaron – tiene que tomar un número del aparato rojo y pedirlo, porque de otra manera no le podremos entregar la canasta. Mas tardó en decirlo, porque ya mi vecina estaba apurándose a tomar el papelito con el número 93, al ver la pantalla está marcaba el número 60. Se sentaron a platicar “estoy seguro que de los maridos, nunca de sus mamás” y al cabo de dos horas apareció en la pantallita el número que franqueaba su oportunidad de reclamar el pin. Antes de que mi vecinilla pudiera explicar algo. Muy tranquilamente el empleado les manifestó que el sistema se había “caído” y que tendrían que esperar a que lo habilitaran. Mi vecina dijo que era amiga del Presidente del Banco y que le iba a comunicar la “tardanza” para atender los clientes, pero fue informada que el que mencionaba había vendido el banco a los ingleses y ya no era salvadoreño. Al cabo de unos quince minutos volvió el sistema. Demás está decir que pidieron el DUI, pero mi esposa lo había dejado en la entrada y tuvo que ir por él. Al final le dieron el pin: 007+05-3 Dieron vuelta a la primera cola y comprobaron que solamente habían doce personas antes que ellas, pero se estaba moviendo rápido y unos quince minutos después les fue entregado el papel que le garantizaba la entrega de la Canasta Navideña en cualquier Supermercados Selectos del país. Ya eran las 12 del mediodía. El Super Selectos escogido y más cercano estaba a unas pocas cuadras de la matriz del Banco. Llegaron y vieron como la gente parecían hormigas entrando a su hormiguero, estaba repleto. Cuando comunicaron al dependiente su propósito, les dijo que esperaran porque era hora del almuerzo de los que hacían las canastas. A las 12:40 mi vecina se acuerda que no le ha preparado el almuerzo a su familia, se queja con la misma dependienta y ésta ordena que le empiecen a preparar la canasta los empleados encargados. A la 1 de la tarde todavía estoy en mi trabajo esperando que pasen a recogerme. Salí a las doce y ya ni sé que platicar con el seguridad y éste tiene que bajar la cortina de hierro. Al fin aparecen las féminas a recogerme. Entro a mi casa refunfuñando. Al ver mi suegra entrar a su hija, le dice: “llamá un hombre para que meta la canasta porque vos no la vas a poder”. A continuación la sirvienta entra con una canastita navideña. - ¿Quién te la regaló? Le pregunta mi suegra. - No… si es la que el Banco le regaló a su hija - Si, mamá, aquí tengo el recibo por $19.00 P.D: Contenido de la Canasta Navideña del Banco HSBC: + Una cajita de Corn Flakes (La pidió la muchacha para su hijito) + Una lata de melocotón (Sospechamos se la llevó la prima de mi esposa) + Un bote de café (Se acabó a las tres de la mañana del 25) + Dos rollos de macarrones Delicia. (Se prepararon en la cena del 26) + Una libra de arroz 3 coronas. (Se fueron en cualquier almuerzo) + Una bolsa de frijoles rojos volteados (Me los prepararon de desayuno el 26) + Una bolsa de galletas (Se la acabaron los primos de mi hijo) + Un botecito de jamón del diablo (Sirvió para bocas de las visitas) + Una Coca Cola grande. (Se confundió con otras 4 Cocas compradas) + Una bolsa de dulces. (Los cipotes que llegaron el 24) + Un paquete de galletas (En averiguación de quién lo cogió) + Una bolsa de churritos. (Esta sí solamente mi esposa se la comió, pues dijo que la canasta se la había sacado ella). + La canastita. (Se la llevó mi suegra para su casa). Juro que lo dicho es la verdad, menos la clave del Pin, porque esa no se le dice a nadie. Enero de 2008.